martes, 19 de septiembre de 2017

#8 Fausto

Faust I (1808, Goethe)
J. G. Cotta'sche Buschhandlung
[Dominio público], via Wikimedia Commons

Faust

Autor: Johann Wolfgang von Goethe
Año: 1808-1832.
Género: Teatro




Después de dedicarle meses a esta obra,... ¡qué pena que me dan los bachilleres alemanes!


Fausto son dos obras de teatro, conocidas como Fausto I y Fausto II. En la primera, conocemos a Fausto, un profesor que vende su alma a Mefistófeles a cambio de recuperar la juventud y conquistar el amor. Va por la calle, se siente atraído por la joven Margarita a la que acaba seduciendo con la mediación de una vecina un poco alcahueta. Él mata al hermano de la chica. Ella mata a su hijo, la encarcelan y al final ella muere. Fin del Fausto I. Argumento, para mi gusto, que no supera el folletín.

La cosa no mejora en el Fausto II. Mefistófeles y Fausto visitan lugares míticos, con personajes simbólicos, todo muy serio y estirado. Aquí, Fausto se enamora (es un decir, claro, sólo le atrae físicamente, no la conoce en absoluto) de la mítica Helena de Troya. Acaba teniendo un hijo con ella, hijo que muere y ella desaparece. Genial, ¿no? Él es quien peca y ellas las que resultan castigadas.

Al final, cuando parece que Mefistófeles por fin va a cobrarse el alma prometida, Margarita intercede y salva a Fausto, en medio de un delirio religioso.

Ese es básicamente el argumento.

Los personajes son tan arquetípicos que nunca tienes la impresión de ser de carne y hueso. Las mujeres son meras muñequitas recortables. Cualquier parecido con una mujer de verdad, es pura coincidencia.

La ambientación, supuestamente medieval primero y luego en un mundo mítico, tampoco da para mucho. Estilizado y nada realista. Posiblemente, en una representación teatral, gane mucho.

En cuanto al estilo, es bastante pesado. Goethe era de los de no digas en cuatro palabras lo que puedas decir en cuarenta. Un ejemplo al azar. Un personaje dice:

«Eterno fuego de delicias, férvido lazo de amor, hirviente dolor del pecho, espumante placer divino. Flechas, traspasadme; lanzas, sometedme; mazas, magulladme; rayos, heridme, para que se volatilice todo lo vano, para que luzca la estrella perenne, foco de eterno amor»

Vamos, si no te has echado una cabezadita al segundo renglón, eres mi heroína.

En la contraportada de mi edición Cátedra dicen que «El Fausto II es una obra de lectura difícil, casi para minorías selectas, y de representación aún más complicada por los problemas de escenificación que supone».

Si esto es así, reconozco que me ha derrotado. No pertenezco a la minoría selecta. Quizá sea demasiado difícil para mí.

He leído otros libros difíciles. No obstante, aunque no los haya disfrutado, al menos entendía por qué eran considerados obras maestras de la literatura. Con este pestiño, no lo entiendo.

Para mí, el problema de Goethe es que buscaba tener conocimiento del mundo, de la naturaleza humana, pero no era científico sino artista. Consecuencia: como artista aporta muy poco a las siguientes generaciones, y como «sabio», pues no aporta nada ya que el pobre vivió en una época en que el método científico estaba sólo en sus primeros pasos. No sé si soñó con ser el Newton alemán, pero no tenía la cabeza ni el método para ello.

Así que vuelvo a lo que dije al principio, ¡pobres adolescentes alemanes si les hacen leer esto en el instituto...! Comparad con lo que, quizá, pongan a leer a los chavales de otros países. Para no salir del género teatral, veamos,... a los chavales británicos les harán leer a Shakespeare, a los franceses a Molière, y a los de aquí, La Celestina, o Lope de Vega o Calderón. En mi modesta opinión, no hay color.

            Por no mencionar los grandes clásicos de la literatura grecorromana. Esquilo, Sófocles, Eurípides,... Grandes temas, impresionantes en su simbolismo y trascendencia, sin que la solemnidad se «coma» al drama. La fuerza de Antígona no está sólo en lo que ejemplifica, sino en lo que dice, hace y piensa esta mujer,... en su desgarro interior, en que ves (y no puedes dejar de ver y sentir) que es una mujer dividida entre su deber y sus emociones.

Las obras de todos esos dramaturgos de Europa occidental me siguen pareciendo entretenidas en sus argumentos, con personajes creíbles, vivaces, y un estilazo que es un placer leer o escuchar declamados. Primero te entretienen; luego te conmueven como ser humano; al final, estimulan tu intelecto, haciéndote pensar en cosas más trascendentes sobre el hombre, la sociedad, el mundo.

Al lado de estos grandes, lo siento, el Fausto de Goethe palidece y acaba siendo un entretenimiento rococó.

Lamentablemente, pues, no conecté con este libro. Fui incapaz de encontrarle el mérito. Me pareció aburrido hasta decir basta. Y pretencioso. Quizá quería hacerlo tan trascendente, tan simbólico, que se olvidó de que el drama, al fin y al cabo, exige un mínimo de historia y unos personajes potentes.

Tampoco descarto la posibilidad de que se me escapasen muchas referencias, y no pudiera apreciar la estructura,... O sea, que igual es mi cerebro, que no da más de sí. Aunque tengo mi culturilla, no lo sé todo. Puede ser, simplemente, demasiado hermético para mí.

O igual es sólo que, a estas alturas, las mujeres tópicas en la Literatura me cansan bastante. Puedes decir que «el eterno femenino», la mujer como un ideal redentor es algo propio de la época pero,.... Lo siento. Antígona, y Clitemnestra, y Andrómaca nos ofrecen sus corazones palpitantes... Melibea es real, más lúcida que su Calixto,... las mujeres del Quijote, cada una a su manera, piensan, razonan y sienten como seres humanos completos y no como meras referencias de otros hombres. Por no hablar de las estupendas mujeres de Pérez Galdós, en las que encontrarás a muchas conocidas.

No, estoy cansada de la excusa de que «aquella época era así» porque, ¿sabéis? Otros escritores de siglos pasados sí que eran capaces de crear personajes femeninos auténticos. Así que ya no estoy dispuesta a considerar obra maestra este tipo de historias. No pueden estar diciendo nada verdaderamente trascendente sobre la condición humana cuando reduce a la mitad de la Humanidad a un mero cliché.

martes, 12 de septiembre de 2017

#16 San Vital

Por Fabio Poggi (2011)
[CC BY-SA 3.0]
via Wikimedia Commons





Ubicación: Rávena, Italia
Fecha: 547
Estilo: Arte bizantino
Tipo de edificación: iglesia


                       
Una de las obras emblemáticas del arte bizantino en Italia.

Seguimos en el siglo VI, cuando solo había un imperio romano, el de Oriente, que en época de Justiniano (ya sabéis, el que hizo construir Santa Sofía) quiso recuperar territorios en la parte occidental.

Rávena había sido la última capital del Imperio Romano de Occidente. Los bizantinos se hicieron con ella en 540. La convirtieron en sede del gobernador romano oriental de Italia, el Exarca, y fue conocido como el Exarcado de Rávena.

Para meternos imaginariamente en este mundo fascinante, recomiendo (de nuevo) la novela Belisario, de Robert Graves, dedicada a aquel magnífico general con el que el emperador fue tan ingrato.

Los bizantinos, ortodoxos, frente a los arrianos godos, se dedicaron a esto tan suyo de construir iglesias de la "fe correcta" allá donde fueren. Así vieron la luz unos cuantos edificios notables, incluidos en el conjunto “Monumentos paleocristianos de Rávena”, que es patrimonio de la humanidad desde 1996. Ya os lo conté al hablar del mausoleo de Teodorico, que no es bizantino sino arte de las invasiones germánicas, en concreto ostrogodo.

La Unesco los describe así:

Capital del imperio romano en el siglo V y de la Italia bizantina entre los siglos VI y VIII, Rávena posee una excepcional colección de mosaicos y un conjunto de ocho monumentos paleocristianos de los siglos V y VI sin parangón en el mundo. Estos monumentos –mausoleo de Gala Placidia, baptisterio neoniano, basílica de San Apolinar Nuovo, baptisterio arriano, capilla arzobispal, mausoleo de Teodorico, iglesia de San Vital y basílica de San Apolinar in Classe– muestran la gran maestría artística de sus creadores, que supieron fusionar maravillosamente la tradición arquitectónica grecorromana, la iconografía cristiana y diferentes estilos orientales y occidentales. 
El origen de esta edificación se encuentra en el mismo emperador Justiniano que hizo erigir Santa Sofía. Aquí cogió construcciones anteriores y las reformó. El arzobispo de la ciudad, Maximiano, la consagró en el año 547.

Seguimos en la Primera Edad de Oro del arte bizantino. La iglesia de San Vital sigue el modelo de la de los santos Sergio y Baco de Constantinopla: edificio de planta cuadrada con octógono en el centro cubierto con cúpula gallonada y nave en torno. San Vital lo copió de los SS. Sergio y Baco y, a su vez, los carolingios lo tomaron como modelo para sus propias edificaciones. Así que por esta vía la planta octogonal bizantina acaba difundiéndose por el Occidente europeo.

Es lo que tiene el arte, que nada es totalmente nuevo ni nada por completo copiado.

Lo más apreciado de esta iglesia son los fantásticos mosaicos. Se realizaron entre los años 546 y 548. Veréis a menudo en muchos libros de arte, a Justiniano y Teodora, cada uno con sus acompañantes. Aquí pongo a Teodora con su séquito.
 
Por Petar Milošević, 
[CC BY-SA 4.0]
Via Wikimedia Commons



En la Wikipedia te identifican a los diferentes personajes: “la emperatriz Teodora lleva un cáliz de oro, va precedida por dos dignatarios de la corte y seguida por Antonia, esposa del general Belisario y su hija Juana. Cierran el cortejo las doncellas de la emperatriz”.

Si quieres saber algo más de este monumento, siempre puedes empezar por la Wikipedia, seguir por este artículo de la Universidad de Valencia, y la ficha en ArteHistoria


En YouTube, aquí tenéis cinco minutos de imágenes recreándose en el monumento


Y diez minutos en inglés (Smarthistory. art, history, conversation), con explicaciones más técnicas.


jueves, 7 de septiembre de 2017

#23 Palacio de Ctesifonte

American Colony Photo Department
[Dominio público]
Via Wikimedia Commons


Tipo de construcción: palacio
Época: Sasánida (S. XIII)
Lugar: Taq-i Kisra, Irak


Mira que queda poco del palacio y aun así, qué impresionante.

Dentro del arte de Asia Occidental, hay que recordar que está todo el arte persa. Ya he hablado aquí de los persas, los partos y los sasánidas.

Este palacio pertenece al siglo III, en la época sasánida, ya sabéis, de 226 a 651. Para entendernos: lo que hubo en Irán-Irak justo antes del período islámico.

Este sitio de Ctesifonte fue una de las mayores ciudades de la antigua Mesopotamia. Pervivió durante siglos, y ocupaba un territorio bastante grande, 30 km², a orillas del Tigris; por cierto que justo enfrente, en el otro lado del río, estaba la colonia griega de Seleucia. De ahí que a veces se le acabe llamando Seleucia-Ctesifonte. Se cree que Ctesifonte fue la ciudad más grande del mundo entre 570 y 637, año en el que fue evacuada.

Lo más representativo de la arquitectura sasánida fueron los palacios, entre ellos este de Ctesifón o Ctesifonte (en persa: تيسفون). Lo que queda es esa bóveda de ladrillo y parte de la fachada, con arquerías; se alza hasta 28,40 metros de altura. Y aun así, sigue resultando impresionante. Sólo cabe imaginar qué aspecto tendría plenamente construido.

El arco y las bóvedas, en particular las cúpulas sobre trompas, son elementos que influyen luego en el arte árabe, y también en el cristiano. Claro, al usar ladrillo la verdad es que es un material que no se perpetúa igual de bien que la piedra. Y aparece un elemento que luego se desarrollará en el arte islámico: el iwán, un pórtico con gran arco abierto.

Como siempre, para saber más, podéis empezar por la wikipedia, siguiendo por el palacio de Ctesifonte, en ArteHistoria

En un blog que hablan de la antigüedad, te aparece el Palacio de Cosroes en Ctesifonte, y aquí, un estudio más en profundidad de esta construcción, desde el punto de vista arquitectónico.

sábado, 2 de septiembre de 2017

#16 El cascanueces

Fotografía de la producción de 1892 en San Petersburgo
(Archivos del Teatro Mariinski)
[Dominio público], via Wikimedia Commons
Щелкунчик / Schelkúnchik, op. 71




Compositor: Piotr Ilich Chaikovski
Estreno: Teatro Mariinski (San Petersburgo), 18 de diciembre de 1892


Uno de los más hermosos ballets del repertorio, pura fantasía infantil.


Chaikovski hizo una música de ballet maravillosa, y uno de sus famosos tres ballets es este, un cuento típicamente navideño.

El cascanueces es un ballet en dos actos. El libreto era una adaptación de un cuento de E. T. A. Hoffmann, El cascanueces y el rey de los ratones, a través de la versión que hizo Alejandro Dumas.

De este ballet hay una suite de veinte minutos, que tiene un gran éxito. Así que cuando hablamos de El cascanueces, es tanto un ballet como una suite. Cualquiera de los dos se encontrarán a gustito en tu discoteca.

La partitura de Chaikovski se ha convertido en una de sus composiciones más famosas. Una de las curiosidades de esta obra hace uso de la celesta, instrumento que sonaba ciertamente exótico en aquel tiempo.

La coreografía original es de Marius Petipa y Lev Ivanov. Pero ha habido otras posteriores, y por destacar una, señalaré que hizo en 1976 Mijaíl Barýshnikov para el American Ballet Theatre, un auténtico clásico navideño.

Hay unas cuantas versiones muy buenas. Por poner una bastante citada, recomiendo la versión de Michael Tilson-Thomas con la orquesta Philharmonia para la CBS. Fue grabada el 25 de mayo de 1985 en los estudios de Abbey Road (Londres).

Para saber más, la Wikipedia y luego tenemos un breve artículo titulado "12 cosas que quizás no sabía sobre el ballet El cascanueces" (2016). 

En You Tube he encontrado El cascanueces con Barýshnikov



jueves, 31 de agosto de 2017

#93 La ópera de tres peniques

Alicia Murillo canta la Zuhälterballade,
Moore Theatre, Seattle, Washington (2007).
Joe Mabel [GFDL o CC-BY-SA-3.0]
Via Wikimedia Commons


Die Dreigroschenoper

Estreno: Berlín, 31 de agosto de 1928

Compositor: Kurt Weill

Libreto en alemán: Bertolt Brecht, basado en La ópera del mendigo, de John Gay


Tal día como hoy se estrenó, en el Theater am Schiffbauerdamm, esta ópera, una de las más populares de todos los tiempos en los escenarios alemanes.

Hoy vamos a por una del siglo XX. Un lujazo de obra de arte, de esas que no sólo son entretenidas, y contienen personajes inolvidables, sino que además trasciende más allá de sí misma para llevarte a otro sitio, a otro lugar mental, que estuvo en otra época y que, sin embargo, sigue dentro de nosotros.

Es cosa de escuchar a Lotte Lenya cantando al Makinavaja, y se te ponen los pelos como escarpias. Una balada que conocen hasta los que nunca oyeron hablar de Brecht, porque se han hecho infinidad de versiones por parte de grupos y cantantes, en diversos idiomas. De hecho, sus autores querían que la obra se interpretara traducida al idioma del lugar.

Estamos ante una obra de teatro, nada menos que escrita por Bertolt Brecht. Berlín, plena república de Weimar, justo antes de que la crisis económica arrasara todo y trajera a los nazis y la guerra.

Es una actualización de una ópera balada del siglo XVIII inglés, la del mendigo (The Beggar's Opera), hecha con canciones sueltas liadas en un argumento de puro lumpen. La versión siglo XX te cuentan en la Wikipedia que es una crítica marxista al capitalismo, con poemas de Rudyard Kipling y de François Villon por medio.

El argumento es sencillo: en un mundo de mendigos y delincuentes, al señor Peachum no le gusta que su hija Polly se case con Mac, así que le tiende una trampa a éste con ayuda de Jenny. Pero Mac consigue eludirlo, echándole una mano una tercera mujer, la hija del sheriff. Claro que al final le pillan, y le van a colgar. Pero como es una ópera, le perdonan y le premian con un título nobiliario.

Todo un desafío, nada noble hay en esta ópera. Es procaz, absurda, descarada... Encontramos música de orquestina de feria, de cabaret, jazz o lo que toque para hacerla vital, desgarrada, revolucionaria.

Pocas obras de arte representan tanto sus concretas circunstancias de tiempo y lugar y, al mismo tiempo, la condición humana atemporal.

Las canciones de esta ópera están entre lo más conocido del repertorio. Mencionaré simplemente la balada de Mackie el Navaja, (Preludio, n.º 2: Die Moritat von Mackie Messer), la canción de la pirata Jenny (Acto I, n.º 6: Seeräuberjenny) y, del acto II, la balada de la depravación [o dependencia, que de las dos maneras lo he visto] sexual (n.º 12: Ballade von der sexuellen Hörigkeit) y el final (n.º 16: Über die Frage „Wovon lebt der Mensch?“).

Aquí os dejo a Lotte Lenya cantando Mackie Messer:


Como grabación, recomiendo una de 1958 que es sólo la partitura, sin los diálogos hablados. Con Lotte Lenya, por supuesto, Kóczián, Hesterburg, Schellow, Neuss, y Willi Trenk-Trebitsch, el coro Arndt y la orquesta de la Emisora Libre de Berlín (Sender Freies Berlin), dirigido por Wilhelm Brückner-Rüggeberg. También valdría la de Ute Lemper, más reciente, fácil de encontrar y no tan "rasposa" al oído.

Para saber más, la wikipedia. No he localizado el libreto, así que en esta ocasión en lugar de enlazar a Kareol, os pongo un artículo del blog de Manuel Cerdá “Kurt Weill y Lotte Lenya. 25 años de amor y música”.

Por cierto, para no despistarnos: veréis el título de esta ópera traducido de varias formas, La ópera de tres peniques, de tres centavos, de cuatro cuartos o tres perras gordas. Todas son una y la misma, Die Dreigroschenoper.

martes, 29 de agosto de 2017

#15 Santa Sofía

Interior de Santa Sofía
Por Ingo Mehling (2011)
[CC BY-SA 3.0]
via Wikimedia Commons

           Ubicación: Estambul, Turquía

Fecha: 532-537
Estilo: Arte bizantino
Tipo de edificación: iglesia


                       
La cúpula más grande del mundo hasta el siglo XVI.

Santa Sofía de Constantinopla es sin duda el edificio más emblemático y recordado del arte bizantino. En concreto, de la que se llama su primera edad de oro, correspondiente a la época del emperador Justiniano, primera mitad del siglo VI.

El origen de esta edificación hay que encontrarla en una famosa revuelta popular en tiempos del emperador Justiniano, la de Niká. (véase el artículo en la Wikipedia) En el Imperio romano de Oriente (el único que entonces pervivía) lo de las carreras en el circo era el deporte nacional. Los Verdes y los Azules se odiaban a muerte, pero un día las dos aficiones, que debían estar “jartitas” de impuestos y otros temas, decidieron unirse para atacar al emperador. Asaltaron y quemaron unos cuantos edificios, entre ellos la antigua iglesia de Santa Sofía.

Cómo vería la cosa de mal Justiniano, que ya estaba pensando en largarse por pies cuando su mujer, la emperatriz Teodora, de orígenes bastante humildes y bastante lista, le tuvo que parar y soltarle la frase guapa de

“La púrpura es una buena mortaja”.

Belisario (uno de los grandes militares de la historia y con quien luego Justiniano sería tan injusto) consiguió dominar la situación y pudieron seguir viviendo, felices y contentos. Justiniano empezó un ambicioso plan de reconstrucción de la ciudad de Constantinopla, y Santa Sofía sería la joya de esta corona. Para construirla, compró (a precio altísimo) los terrenos y edificaciones alrededor de la vieja iglesia de Santa Sofía, luego pagó puntualmente a los obreros para que no hubiera retrasos, y se trajeron mármoles, piedras y otros materiales fastuosos de todos los rincones del imperio.

El resultado es que en cinco años, estuvo construida esta iglesia, la más rica y brillante de la cristiandad y con la cúpula más grande, hasta que el récord se lo arrebató la de San Pedro en el Vaticano mil años más tarde.

Pensadlo un momento.

Mil. Años.

Tiene 31,87 metros de diámetro y 56,6 de altura. Se elevaba sobre una planta cuadrada y entonces tienes el problema de cómo hacer la transición de una forma cuadrada a otra redonda encima: se hizo mediante triángulos que se llaman pechinas. Pero luego cómo hacer esto en sí, pues con hiladas concéntricas de ladrillo, reforzadas con mortero por el exterior. En la parte inferior del casquete hay toda una serie de ventanas que aportan luz.

Aún estaba otro problema derivado de esas dimensiones. Siendo tan grande, aparece el problema del peso. Los romanos lo arreglaban con puzolana. Así que tuvieron que buscar un material ligero que fuese parecido, resistente y de poco peso. Lo encontraron en unos ladrillos hechos con arcilla procedente de Rodas, más porosos que un ladrillo normal.

Por cierto, que la iglesia no fue consagrada a ninguna santa llamada “Sofía”. No. Sofía, en griego, significa sabiduría, y a lo que se dedica en realidad es a la «Santa Sabiduría de Dios», o sea, a la Segunda Persona de la Santísima Trinidad, como Sabiduría Divina.

De un edificio tan prodigioso se conserva el nombre de sus creadores: los geómetras Antemio de Trales e Isidoro de Mileto, arquitectos militares que habían trabajado en las fronteras orientales del Imperio.

Dañada por un terremoto, la cúpula fue reconstruida por Isidoro el Joven en el 558.

Estilísticamente, recoge influencias no sólo del arte romano, sino del helenístico, el paleocristiano y del Asia Menor. Ejemplifica muy bien una de las características de la arquitectura bizantina, que es el uso de los espacios abovedados. Se crean así espacios amplios como esta grandiosa basílica, que cumplía la función de ser un teatro perfecto para las solemnes ceremonias de la monarquía. Esta mezcla de lo político con lo religioso reflejaba la idea de que el poder del emperador no era solo civil, sino teocrático.

Hay que intentar imaginarlo como era en su momento, sin los pegotes que le plantaron los otomanos, o sea, quitando mentalmente minaretes y adornitos islámicos.

Hoy me siento literaria, así que, para saber más de esta época fascinante y sus personajes bigger tan life, recomiendo la novela de Robert Graves Belisario, sí, de cuando las novelas históricas eran buenas de verdad, y no metían fantasiosos misterios templarios. Dentro de la historiografía, es entretenido acudir a las fuentes, en este caso, la Historia secreta de Procopio de Cesarea, que era por cierto un poco cotilla, bastante misógino y muy muy bicho, poniendo a Justiniano y, sobre todo, a Teodora, como hoja de perejil.

Si quieres saber algo más de este monumento, siempre puedes empezar por la Wikipedia. Y en YouTube hay documentales explicándote más cosas de esta magnífica estructura. Pongo uno, pero hay varios.

jueves, 17 de agosto de 2017

#14 Mausoleo de Teodorico

Por Sansa55 (2012)
[CC BY-SA 3.0]
via Wikimedia Commons

Ubicación: Rávena, Italia
Fecha: 520
Estilo: Arte prerrománico
Tipo de edificación: sepulcro


                       
Posiblemente, el edificio más destacado en el período de las invasiones germánicas.

Tradicionalmente se habla, después de 476, de la Alta Edad Media. Aunque teniendo en cuenta que lo de las invasiones germánicas presenta ciertas continuidades con el mundo clásico, podríamos seguir pensando que estamos en la Antigüedad tardía y que el verdadero corte se produjo más bien en el siglo VIII con los musulmanes. Ahí sí que dejó el Mediterráneo de ser un Mare Nostrum que unió y pasó a ser uno que separaba culturas antagónicas.

Dentro de la arquitectura de esta época germánica, en Italia, tienen particular importancia las construcciones ostrogodas de Rávena, la que fuera última capital del Imperio romano de Occidente.

Destaca sobre todo este magnífico mausoleo, que sigue el modelo de los sepulcros del Bajo Imperio, en un ejemplo más de la continuidad que supusieron los pueblos germánicos en algunos aspectos. Tiene planta circular. Se alza en dos pisos, en el inferior se ven una serie de arcos de medio punto, con dovelas de las que se llaman “engatilladas”. El piso superior es la parte que desarrolla funciones de cripta. Lo cubre una pieza monolítica, labrada como bóveda. O sea, no es una bóveda de verdad, sino que está tallado en mármol de una sola pieza.

¿Y quién era este Teodorico que se hizo una tumba tan vistosa? Teodorico, apodado “el Grande” era un godo, en concreto ostrogodo, que de niño fue educado en la corte bizantina. Luego volvió con los suyos y pasó al Imperio con todo su pueblo en busca de tierras. Eso sí que eran migraciones, decenas de miles de hombres, mujeres y niños buscándose la vida. Ni el emperador podía echarlos, ni los ostrogodos superar las impresionantes murallas de Constantinopla, así que optaron por un acuerdo en beneficio de los dos.

El emperador lo mandó a Italia, a ver qué parte de Occidente podía reconquistar para el Imperio. Allá que se marcharon los ostrogodos. Teodorico mató por su propia mano a Odoacro, el rey de los hérulos que había depuesto a Rómulo Augústulo, el último emperador de Occidente. Se asentó en Rávena, y desde allí gobernó la península itálica, si bien formalmente lo hacía en nombre del emperador. Con el tiempo, acabó también administrando la península ibérica en nombre de su nieto, el visigodo Amalarico.

En su momento de máximo esplendor, también rigió la Galia mediterránea y las provincias del Danubio. Como dice la Wikipedia, llegó a ser considerado “heredero de los emperadores romanos, si bien él mismo nunca adoptó dicho título”.

El Mausoleo de Teodorico es uno de los elementos del sitio patrimonio de la Humanidad “Monumentos paleocristianos de Rávena”, declarado así por la Unesco en el año 1996 y que en su página web describe así

Capital del imperio romano en el siglo V y de la Italia bizantina entre los siglos VI y VIII, Rávena posee una excepcional colección de mosaicos y un conjunto de ocho monumentos paleocristianos de los siglos V y VI sin parangón en el mundo. Estos monumentos –mausoleo de Gala Placidia, baptisterio neoniano, basílica de San Apolinar Nuovo, baptisterio arriano, capilla arzobispal, mausoleo de Teodorico, iglesia de San Vital y basílica de San Apolinar in Classe– muestran la gran maestría artística de sus creadores, que supieron fusionar maravillosamente la tradición arquitectónica grecorromana, la iconografía cristiana y diferentes estilos orientales y occidentales.

Si quieres saber algo más de este monumento, siempre puedes empezar por la Wikipedia.

 Y en YouTube, un brevísimo documental, de menos de un minuto, para verlo.