domingo, 13 de mayo de 2018

#22 La vida es bella



Film Affinity

La vita è bella
Año: 1997
País: Italia
Dirección: Roberto Benigni
Música: Nicola Piovani

Sentimentalismo elevado a la enésima potencia

            
     Ya he dicho que el cine italiano no es lo mío. Generalizando, me parece grosero, machista, y con un humor de guardería. La mayor parte de pelis italianas que aparecen en esta lista es porque son muy apreciadas por crítica o público, o los dos. Hay excepciones, claro.

Pero esta no es una de ellas.

Esta película no me interesó nada cuando salió hace veinte años, hasta el punto de que no la había visto hasta que me ha tocado hablar de ella para este mi blog.

Qué queréis que os diga. La historia va de un tipo feliz que siempre sabe salir a flote, que se casa con una mujer de mejor posición social a la que llama Principessa! cada dos por tres, tienen un hijo y como él es judío, acaban en un campo de concentración alemán.

Lo más conmovedor es cómo el padre se esfuerza en ocultarle al niño todo lo desagradable de la vida, haciendo que sea un juego.

Película italiana con niño ambientada en otra época, no sé, es como el reverso tenebroso de Cinema Paradiso. Parece hecha a medida para ganar premios, especialmente el Óscar, que ya se sabe que la Academia de Hollywood no hay nada que quiera más que una película europea sobre el Holocausto. Adoran esas historias, siempre que se cuenten de cierta forma, claro.

La vi. Fue entretenida. Lloré cuando tocaba llorar y todo eso.

Pero el humor italiano no es lo mío. Las payasadas de Benigni me dejaban fría. Nicoletta Braschi se pasa la película torpemente atraída por este tipo, sin que yo alcanzara a comprender por qué, más allá de parecerme una solterona, lo cual no es cierto porque en la peli tiene otro pretendiente, pero por razones que no me acaban de quedar claras prefiere a este tipo, quizá porque la hace reír.

A mí, en cambio, cada vez que Benigni gritaba Principessa! era llanto y crujir de dientes. Qué ganas de darle una colleja, de verdad.

… Y sin embargo, a veces, había momentos en que debajo de toda esa gilipollez, entrevés a una persona desesperada, seriamente angustiada por la vida, las miradas que lanza al personaje interpretado por Horst Buchholz (uno de mis amores de juventud, por cierto) son –para mi– lo más memorable de la película, el momento en que comprende que de verdad toda esperanza está perdida,… Ojalá se hubiera explorado un poquito más al Guido debajo de la máscara de payaso.

Pero se ve que la peli no iba de eso.

Mi resumen sería: música anodina, realización fría, actores de escaso mérito, guion sentimentaloide, chistes de guardería y encima «película con niño».

Lo bueno es que esta película responde con firmeza a la pregunta de si puede haber poesía después de Auschwitz. Por supuesto que puede haberla. Es más, debe haberla: la dignidad humana lo exige. 

No sólo puede haber poesía, sino hasta risa y comedia. Y no sobre cualquier cosa, sino precisamente sobre ese monstruo que devoró Europa y que los europeos seguimos teniendo dentro: ese nacionalismo, racismo, odio, masas enfurecidas que no atienden a razones, políticos populistas (de derechas y de izquierdas) que dicen a la gente lo que quiere oír, que la culpa es siempre de los Guidos de turno. 

Solo que ahora se disfrazan con otras palabras (unos acusan a los fascistas, otros a los antisistema, y meten en ese saco a todo el que piense diferente, aunque los así «acusados» estén lejos de ser fascistas o antisistema), y se movilizan por Twitter, pero el núcleo, el huevo perverso de la serpiente está ahí

En ese sentido, esta película debería hacer reflexionar. Pero no, no lo hará, porque la gente sigue creyendo que habla de lo que ocurrió hace ochenta años.

Pese a todo, debo reconocer que no es una película que me haya encantado, así que tampoco me parece imprescindible para conocer lo que es el Cine. Sé que gustó mucho, y en Film Affinity incluso tiene puntuación de 8,5 (8,6 en Internet Movie Data Base) con citas de críticas variadas que la ponen por las nubes («magnífica fábula», «bella y conmovedora»). El problema debo ser yo, y no la película.

Debe haber algo que no he pillado.

Para saber más: consúltese la Wikipedia, Film Affinity o la Internet Movie Data Base.

miércoles, 9 de mayo de 2018

#23 Sinfonía n.º 40 en sol menor, K. 550

«Retratro Edlinger», h. 1790
[Dominio público], via Wikimedia Commons

        



Compositor: Wolfgang Amadeus Mozart
Estreno: ¿Dresde, 14 de abril de 1789?


Poderosa, desesperada, tremenda.


Sol menor es la tonalidad de lo patético, lo confuso, lo tremebundo, de la pasión y lo oscuro.
… Lo tenebroso, la noche, la desazón, la angustia, la desesperación…

Sentimientos intensos y negativos que, debo reconocerlo, no suelo asociar a Mozart. Que es intenso, profundamente humano, pero siempre sin perder el equilibrio.

Aunque no tengo oído educado para reconocer las tonalidades de las composiciones, sí que se ha dado la casualidad de que muchas veces las piezas que me gustan están en este tono… O en la menor, que es la misma idea tristona pero en plan más lírico y menos épico.

Mozart compuso dos sinfonías en esta tonalidad, la n.º 25, y este 40. Ambas me encantan, y son un disfrute para cualquiera. Las recomiendo totalmente.

No se sabe cuándo se estrenó, y se han dado diversas fechas posibles. Lo que sí se sabe seguro es cuándo terminó la composición: el 25 de julio de 1788. ¿Por qué? Bueno, en sus últimos años Mozart mantenía al día su catálogo de obras y apuntaba cuándo las terminaba.

En aquel verano de 1788 Mozart trabajó como una máquina, produciendo nada menos que tres sinfonías maravillosas: la n.º 39 en junio, la n.º 40 en julio y la n.º 41 «Júpiter», en agosto. Elucubraba Harnoncourt –leo en la wiki en inglés– que las tres sinfonías eran un trabajo unificado, señalando, entre otros aspectos, que esta sinfonía 40 no tiene ninguna introducción (a diferencia de la n.º 39) y no tiene un final de la escala de la n.º 41.

Hay dos versiones de esta sinfonía, que se diferencian sobre todo en que una la segunda añadió una pareja de clarinetes. Las partituras autógrafas de las dos versiones fueron adquiridas en la década de 1860 por Johannes Brahms, que más tarde donó los manuscritos a la Gesellschaft der Musikfreunde de Viena, donde aún se conservan.

No lo he dicho aún, pero esta es una de las obras maestras de Mozart. Los autores (págs. 622-623 de Poggi y Vallora, Mozart. Repertorio completo) no han podido sustraerse de asociar su tono sombrío con la próxima muerte del autor pocos años después, con «ese profundo y fatalista pesimismo connatural a Mozart» (Abert). En opinión de Greither:

En la sinfonía en Sol menor, el presagio de la muerte y la consciencia de la muerte precoz están expresados de manera conmovedora, pero no sentimental: Mozart lucha por aceptar con confiada resignación el destino que le viene impuesto. 
En La discoteca ideal de música clásica, de Kenneth y Valerie McLeish, Enciclopedias Planeta, 1996, dicen de esta pieza que es «conmovedora y sombría», consideran que Mozart compuso estas tres últimas sinfonías para su propio deleite, y no para mecenas ni recitales públicos y que:

Las tres sinfonías juntas no sólo representan la cima del trabajo creativo de Mozart, sino que superan a toda la música de su época: son una síntesis de las pretensiones de toda la música orquestal del siglo XVIII que, en manos de un genio, se hacen realidad.

Como curiosidad, diré que el retrato con el que ilustro esta entrada es el llamado «Mozart de Edlinger», supuestamente realizado en 1790 en Múnich. La autenticidad de este retrato no está demostrada. Pero sí que es un cuadro que resulta muy atractivo porque tiene bastante calidad y, de ser auténtico, sería el último del compositor en vida. .

Esta obra maestra de Mozart ha sido objeto de muchas grabaciones. Una de las mejores siempre dicen que es la de Erich Kleiber con la Filarmónica de Londres, pero a mí no me acaba de gustar, es un poquito brusca, violenta. Y lo mismo la rapidilla de Furtwängler con la Filarmónica de Viena, así que la que yo recomiendo es la de Karl Böhm con la Filarmónica de Viena, que es más reposada, lo que no quita que siga siendo intensa. Además, la puedes encontrar junto con las otras dos sinfonías finales. En esto reconozco que es manía mía. No me gusta que dirijan a Mozart como si fuera una carga de caballería; prefiero la intensidad contenida

Por internet podemos encontrar esta interpretación de la obra por la Sinfónica de Galicia (una de las mejores orquestas de España, si no la mejor, sí yo como siempre, promocionando la España septentrional) con Dima Slobodeniouk:


sábado, 5 de mayo de 2018

#25 Cruz de Muiredach

Por R. A. S. Macalister, 1870-1950
via Wikimedia Commons



Ubicación: Monasterboice, condado de Louth (Rep. de Irlanda)
Fecha: Ss. IX-X
Época: Arte hiberno-sajón o insular


Una de las principales aportaciones irlandesas a la Historia del Arte

Seguimos en el arte prerrománico, segunda etapa. Nos vamos a la isla de Irlanda en busca de un ejemplo del arte de las Islas Británicas en la Alta Edad Media, a la que se llama «arte hiberno-sajón» o «arte insular».

Es ciertamente, dentro del arte prerrománico una cosita menor, como los vikingos, por ejemplo. Pero también tienen que tener su sitio en nuestra historia.

Las cruces monumentales son relativamente frecuentes en esta época, no solo en la isla de Irlanda, sino también en la de Gran Bretaña, en Francia o en España. Las irlandesas tienen como particularidad un anillo rodeando su centro, y que la iconografía es bien rica.

Esta de Muiredach es uno de los ejemplos más espléndidos. Realizada en piedra arenisca y con más de cinco metros de altura, tiene toda la superficie grabada en bajorrelieves diversos con escenas bíblicas, del Viejo y del Nuevo Testamento.

No voy a detallar cada una de ellas, porque al fin y al cabo, para algo está la Wikipedia, destacando la cara este y la oeste. La fotografía que he escogido es antigua, pero tiene la ventaja de mostrar las dos caras: en una el centro lo ocupa una Crucifixión y en la otra, el Juicio Final.

En el pie de la cruz hay motivos geométricos, espirales y entrelazados que tienen ese sabor que nosotros vagamente consideramos «celta», esa ornamentación que se ve por ejemplo en los libros como el de Kells.

Sí, se trata de esa forma de arte que exige saber algo de iconografía para entender lo que está representado. Si no has sido educado en el catolicismo, te puede costar entender un poco quiénes son esas personas allí representadas. Lo bueno es que siempre te puedes entretener viendo cómo vestía la gente en la Alta Edad Media, qué objetos o instrumentos tenían, pues como ha sido habitual en la historia del arte occidental, personajes que supuestamente vivieron en Oriente Próximo había cientos o miles de años, se representaban como contemporáneos. Por eso es una buena fuente de información sobre la vida en aquella época de la que, francamente, queda poco testimonio escrito y creo que nada sobre la vida cotidiana de la gente.

El sitio este de Monasterboice tiene además una cosa muy especial, una de esas torres circulares, muy estrechitas y altas, que se conocen como torres irlandesas.

Aquí, un par de minutos en You Tube hablando de Monasterboice 


Para saber más, el artículo de la Wikipedia entra en más detalles sobre la iconografía de la Cruz de Muiredach y por poner un blog de viajes, os traigo a Robinjú hablando de este lugar.

Monasterboice está propuesto, junto con otros lugares monásticos altomedievales de la República de Irlanda, como Patrimonio de la Humanidad, pero a día de hoy, la Unesco aún no lo ha incluido en la lista.

sábado, 21 de abril de 2018

#37 Gran mezquita de Samarra

Alminar de la mezquita de Samarra
Por Izzedine (2009)
[CC BY 3.0], via Wikimedia Commons



Tipo de construcción: mezquita
Época: 848-851
Lugar: Samarra, Irak


Otro minarete de esos que ha entrado en los libros de historia

Ya hemos visto aquí unos cuantos ejemplos del arte islámico hasta la segunda mitad del siglo XI, o sea, de la primera parte del mismo: la Gran Mezquita de Damasco, el palacio de Qusayr ‘Amra, la mezquita-catedral de Córdoba y la Gran Mezquita de Kairuan

No hay que extrañarse, porque en materia de arquitectura, pintura y escultura estoy intentando seguir un orden cronológico y esta es justamente la época del máximo esplendor del mundo musulmán.

En esta primera fase, tres fueron los grandes centros creativos: el Damasco omeya, el abasí de Bagdad, y Al-Andalus.

El cambio de Damasco a Bagdad se produjo en torno a mediados del siglo VIII. Es cierto que no quedan demasiados restos de este segundo período, pero de lo poco que queda sobresale la gran mezquita de Samarra (Irak), ciudad que se adoptó temporalmente como nueva capital (836).

Se construyó a iniciativa del califa Al-Mutawákkil (846-852), que realizó otras construcciones en la ciudad, además de la gran mezquita. Fue en aquella época, la más grande del mundo; lo que queda, a día de hoy, es la muralla perimetral y el gigantesco minarete, llamado Malwiyya (ملوية‎), ya que el resto lo destruyó el jan mongol Hulagu en el siglo XIII.

Y ese es precisamente su rasgo más destacado, ese alminar o minarete único, retorcido, curvado hacia el cielo. Es una gran torre cónica de más de cincuenta metros de alto, con una rampa de ascenso que tiene peldaños, en forma de espiral. Realizado en piedra caliza, en origen estaba unido a la mezquita por un puente. 

Recuerda a los zigurats de la antigua cultura mesopotámica, aunque hay también quien cree que influyeron más las construcciones sasánidas. En cualquier caso, esta es una de las características de la arquitectura de este período abasí, la mayor influencia de las tradiciones arquitectónicas mesopotámicas y sasánidas.

Con lo cual se pone en evidencia, una vez más, que nada surge en el arte por generación espontánea. Siempre se ve influida por lo anterior, como evolución o como oposición.

Esta mezquita sirvió como modelo para otras, como la de Ibn Tulun en El Cairo y, ya en el siglo XX, para la Capilla de Acción de Gracias en la plaza homónima de Dallas (Tejas).

En 2007, la «Ciudad arqueológica de Samarra» fue incluida en la lista de Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y en su página web la describe de la siguiente manera:

Situada a 130 km al norte de Bagdad, a orillas del Tigris, esta ciudad fue la capital de las provincias del Imperio Abasida, que dominó durante más de un siglo el vasto territorio comprendido entre los confines de Túnez y el Asia Central. Extendida a lo largo de un eje norte-sur, con una longitud de 41,5 km y una anchura que oscila entre 4 y 8 km, la ciudad posee vestigios que atestiguan las importantes innovaciones arquitectónicas y artísticas realizadas en ella, que luego se extenderían por otras regiones del mundo islámico y más allá. Uno de sus monumentos más destacados es la Gran Mezquita del siglo IX, que posee un minarete en espiral. Queda todavía por excavar el 80% del sitio arqueológico.
A partir de la invasión de Irak en 2003, Samarra pasó de ser un principal centro turístico a un lugar donde personas y patrimonio corrían peligro. El incidente más grave tuvo lugar en 2005, cuando la parte superior fue dañada por una bomba. Según la policía iraquí, los insurgentes la dañaron porque los soldados estadounidenses lo usaban como puesto de observación.

Como siempre, para saber más, podéis empezar por la Wikipedia, aunque es verdad que la wiki en inglés tiene más información.

Puedes leer más en el blog de viajes Destino Infinito. Mónica G. Prieto firmó, en 2009, el artículo «Samarra, de Patrimonio de la Humanidad a patrimonio del horror» para  El Mundo (2009).

sábado, 7 de abril de 2018

#22 Música acuática, HWV 348-350

Händel (a la izquierda) con el rey Jorge I,
en barcaza sobre el Támesis escuchando la Música acuática
Por Edouard Jean Conrad Hamman (1819-1888)
[Dominio público] via Wikimedia Commons

Water music / Wassermusik


           


Compositor: Georg Friedrich Händel
Estreno: Londres, 17 de julio de 1717



Música cortesana y festiva, para no complicarse la vida.


17 de julio de 1717, el rey Jorge I de Gran Bretaña, de cincuenta y siete años, se sube en una barcaza en el palacio de Whitehall.

El viejo monarca está cansado de que su hijo le robe la atención de los londinenses. Este príncipe alemán llegó al trono británico gracias a las carambolas de la historia y el ansia inglesa de anteponer la religión a los derechos dinásticos o la conveniencia de un monarca nacional. Sus muchos años (para entonces) impacientaban al príncipe Jorge, por entonces de treinta y tantos, que entretenía la espera al trono con francachelas.

Quiso el rey demostrar quién mandaba aún, y para ello se le ocurrió dar un espectáculo inolvidable. Aquella tarde de verano, siendo las ocho, se subió en la barcaza y, aprovechando que subía la marea, dejó que la barcaza real fuera deslizándose corriente arriba hasta Chelsea.

Con él iban unos cuantos aristócratas, para disfrutar del paseo.

Y en otra barcaza, al lado suyo, una orquesta relativamente grande para lo que eran las de aquella época, interpretó una pieza compuesta por el maestro Händel para la ocasión: una serie de movimientos orquestales muy alegres, en tono mayor, esta Música acuática que ahora la conocemos agrupada en suites.

Händel, alemán de origen como el propio rey, había viajado por el continente, incluida Italia, y fue maestro de capilla de Jorge cuando este era sólo el príncipe elector de Hanóver. Marchó a Inglaterra en tiempos de la reina Ana. Se suponía que iba a enriquecerse gracias a la ópera, que era lo que en aquella época podía llenar los bolsillos de los músicos. Como poco después su antiguo señor se convirtió en rey de Gran Bretaña, hay mucha leyenda y película montada con si fue en realidad una avanzadilla, o un espía. Muy teatrero pero realmente no hay pruebas.

El rey quedó tan complacido con esta Música acuática que Händel le compuso que la escuchó más de tres veces durante su viaje, de ida y vuelta, por el Támesis. También debió gustar al montón de londinenses que se lanzaron al Támesis en sus embarcaciones, y todos aquellos que se acercaron a la orilla para escuchar, en aquella noche mágica de verano, esta música maravillosa que se deslizaba ante ellos por el río.

En La discoteca ideal de música clásica, de Kenneth y Valerie McLeish, Enciclopedias Planeta, 1996, dicen de esta pieza:

Tiene la adecuada sonoridad propia del «aire libre», realzada por los oboes y las trompas de la orquesta y por la sencillez nada esforzada de sus melodías y su armonía. Es música ligera, con la única pretensión de entretener, y sus brillantes pasajes rápidos y adornados y sus airosos contrapuntos nos muestran al Händel más festivo.

Esta obra maestra de Händel ha sido objeto de muchas grabaciones, emparejada normalmente con la Música para los reales fuegos artificiales, que data de tres décadas después. Además, hay varias versiones, organizando cada uno a su manera los distintos fragmentos. Hoy en día se prefiere la más cercana al original.

Recomiendo la de Trevor Pinnock con The English Concert que usa instrumentos originales.

En You Tube podemos encontrar una grabación de estas dos conocidas piezas de Händel que se interpretaron en los PROMS de 2012:


domingo, 1 de abril de 2018

#24 Clípeo en Santa María del Naranco

Por Ecelan (2008)
[GFDL o CC BY-SA 4.0-3.0-2.5-2.0-1.0]
via Wikimedia Commons



Ubicación: Santa María del Naranco, Oviedo (España)
Fecha: 842
Época: Arte asturiano





El otro día hablé del edificio que se alza en las laderas del monte Naranco, en Oviedo (Asturias). Hoy voy a hablar de las artes figurativas del arte asturiano.

Como podéis imaginar, se conservan pocos restos. Se trata, sobre todo, de relieves dentro de los edificios. No son sólo adornos, sino que transmiten mensajes religiosos.

Lo que más me gusta de estos elementos escultóricos tan modestos es que en realidad, tienes que fijarte mucho para ver qué está ahí representado, y luego pensar qué significado o sentido trascendente tiene. 
Qué ves tú y qué veían aquellos cristianos de mediados del siglo IX, en un pequeño reino entre las montañas y el mar, con una gran potencia al sur, mucho más refinada y poderosa, y de una religión diferente.
Hay relieves en las jambas de San Miguel de Lillo, por ejemplo. Pero yo me quedo con los clípeos de Santa María del Naranco.

Un clípeo, en arquitectura, no es más que un medallón de forma redondeada. La palabra viene de un escudo abombado que usaban los antiguos griegos y romanos.
Aparecen en las enjutas (los huecos entre los arcos). El que he traído aquí como ejemplo tiene una parte redonda y otra alargada por encima. En la parte superior se ve una cruz patada, que recuerda a la de los caballeros templarios, solo que estamos en el siglo IX y esa orden aún no se había creado, así que no dejéis volar vuestra imaginación. En realidad, lo que representa es una cruz de la victoria, con las letras alfa Α y omega ω (principio y fin) colgando de sus brazos. Fue un emblema fundamental del nuevo reino cristiano.
Y como ejemplo tenemos las dos cruces que se conservan en la Cámara Santa de la catedral de Oviedo. La más antigua, llamada Cruz de los Ángeles, fue realizada a principios del siglo IX, y la donó a la catedral, en el año 808 (o sea, más de treinta años de que se erigiera Santa María del Naranco) el rey asturiano Alfonso II el Casto. Es la que serviría de inspiración, en su caso, para las cruces representadas en Santa María del Naranco.
Zarateman, via Wikimedia Commons.

La segunda es la Cruz de la Victoria, de un siglo posterior a la de los Ángeles. Fue donada por el rey asturiano Alfonso III el Magno a la catedral en el año 908. 


Esta Cruz de la Victoria es la que se ha convertido en símbolo del Principado de Asturias. Figura tanto en su bandera como en su escudo.
(Para los que sois de fuera, aclaro. Se llama Principado de Asturias a esta comunidad autónoma porque ese es el título que llevan los herederos a la corona española. Lo mismo que el Delfín de Viennois para la monarquía francesa o el príncipe de Gales para la británica, es el Príncipe de Asturias para la corona castellana; en la corona de Aragón el heredero es príncipe de Gerona, duque de Montblanch, conde de Cervera y señor de Balaguer, y para Navarra, príncipe de Viana. Actualmente todos estos títulos los ostenta Leonor de Borbón Ortiz, con lo que actualmente tenemos una princesa de Asturias).

A lo que vamos, que me voy por los cerros de Úbeda. Debajo de la cruz encontramos un redondel que tiene en el exterior dos círculos tallados en forma de soga o cuerda; entre ellos, otro más ancho con motivos vegetales, racimos y hojas me parece distinguir.
Dentro de este donuts, en el círculo interior, si nos fijamos bien, tenemos una representación estilizada de un árbol de la vida con dos animales a los lados, que he visto identificados en mi libro de arte como dragones. Aquí es donde se ve mis limitaciones en materia de teología y simbología cristianas, porque no lo entiendo del todo. El dragón, en el cristianismo, simboliza el mal, un bicho al que matar. 
Sí que me resulta curioso que el árbol de la vida se asocia a dragones en dos mitologías ajenas al cristianismo. En primer lugar, el Yggdrasil, que es el nórdico, tiene a sus pies al dios Heimdall, que lo protegía de los ataques del dragón Níðhöggr. En segundo lugar, en China, sí, se ha encontrado una escultura de un Árbol de la Vida con un fénix y un dragón, pero ahí tiene más lógica, porque para la cultura china el dragón es un símbolo positivo, representativo de la inmortalidad.

El Árbol de la Vida u Hom era un tema muy apreciado por los escultores medievales. Es un motivo de origen oriental, siendo muy habitual en el arte del antiguo Oriente Próximo y Medio, y en el Mediterráneo que a este árbol lo flanquearan dos animales enfrentados, como por ejemplo íbices.
En el cristianismo, representa la idea de un estado inmaculado de la humanidad, en el pasado anterior al pecado original. Al asociarlo con la cruz, transmitía el mensaje de que a través del cristianismo se podía llegar de nuevo a ese estado feliz. De esta manera, el Árbol de la Vida se convierte en un símbolo de Jesucristo.

Así que sí, en el arte no hay nada totalmente original, y la iconografía que encontramos en Santa María puede rastrearse, muchas veces, hasta influencias orientales. Por ejemplo, encontramos parejas de aves que recuerdan a las representadas en telas sasánidas que, procedentes de Persia, llegaban a Europa como artículos de lujo.
 Para saber más de la iconografía en Santa María del Naranco, aquí hay un artículo muy bueno. Ya digo que a mi me encanta eso de fijarse bien en las cosas. Es además muy relajante. No puedes decir, ¡ah, un pájaro! sin más,... No, fíjate bien que es un pavo real, que en el cristianismo es símbolo de la vida eterna, y fíjate que lo representan de una manera muy similar al arte persa de la época.

Y como este es mi blog y pongo lo que me apetece, no puedo dejar pasar una imagen que me encanta. Es el Puente romano de Cangas de Onís, una de las puertas a Picos de Europa, mis montañas, ahí en Asturias, la comunidad prima-hermana de la mía.  
Por Urasama, vía Wikimedia Commons


 Montañas, arte antiguo, simbología, naturaleza, ¿qué más quieres? Cuando a los promotores del turismo asturiano se les ocurrió aquello de «Asturias, paraíso natural», dieron en el clavo.

viernes, 30 de marzo de 2018

#20 Santa María del Naranco

Por Javier Losa (2010)
[[CC BY 2.0], via Wikimedia Commons


  
Ubicación: Oviedo (Principado de Asturias), España
Fecha: 842
Estilo: Arte asturiano
Tipo de edificación: palacio / templo


                       
Edificio emblemático del prerrománico español.


Mientras en Oriente pervivía Bizancio, en el corazón de Europa se fortalecía un nuevo imperio, y al sur de España, Al-Andalus vivía su esplendor califal,… aquí, en el norte de la Península, protegidos por las montañas, se consolidaban pequeños reinos cristianos.

Uno de ellos fue el reino de Asturias, cuyos primeros años están envueltos en el mito y la leyenda. Es imposible deslindar una cosa u otra, sobre todo en un país en que el pasado sigue siendo arma política, sin que importe si el relato es real o imaginado.

A esta zona realmente no había llegado la romanización. La cristianización de la zona se debió más bien a la llegada de cristianos procedentes del sur. No se sabe si ellos lo veían así, pero posteriormente, cuando se sintió la necesidad de legitimar las monarquías medievales, se enlazó por esta vía con la tradición visigoda.

El inicio del reino asturiano se señala simbólicamente en el año 722, cuando supuestamente tuvo lugar la batalla de Covadonga. La primera capital fue Cangas de Onís, a los pies de los Picos de Europa, mis bienamadas montañas; hacia el año 794, cuando el territorio del reino ya abarcaba hasta el río Duero, los reyes estuvieron suficientemente seguros como para pasar la capital a Oviedo.

Un reino más extenso requería cierta organización administrativa, y por ello empezaron a desarrollarse edificaciones que reflejaran la nueva realidad. Rápidamente surgieron edificios religiosos y residenciales. 

El arte asturiano se desarrolló, sobre todo, en el siglo IX. Los edificios más célebres, como este de Santa María de Naranco, se erigieron en la época del rey Ramiro I (842-850), quien dio nombre a la etapa central de este estilo: período ramirense. Sirviendo tal etapa como fulcro, sin demasiada imaginación se llamó a lo anterior etapa prerramirense y a la posterior, posramirense.

Toda forma artística bebe de la tradición, y el arte asturiano no es una excepción. Recoge elementos no sólo de las épocas romana y visigoda, sino también recibió la influencia del coetáneo remamiento carolingio.

Eso sí, el arco de herradura, que tan apreciado fue por los visigodos, y que se mantuvo y desarrolló espléndidamente en el arte andalusí, fue abandonado en el norte, prefiriéndose el arco de medio punto y, sobre todo, el arco peraltado.

Una serie de arcos de medio punto puestos uno detrás de otro, forman una bóveda de medio cañón, y si hay peralte, en una bóveda peraltada sobre arcos perpiaños o fajones. Y eso es evidentemente lo que hicieron los astures, usar este tipo de bóvedas. Este rasgo estilístico se aprecia en Santa María del Naranco, donde encontramos arcos de medio punto, bóvedas de cañón y arcos fajones que, al exterior, son contrafuertes. La imagen exterior recuerda a lo que serían las posteriores realizaciones románicas.

Santa María del Naranco usa la habitual planta rectangular o basilical de los edificios asturianos. Se alza en dos plantas y tiene muros de piedra. En la planta baja hay una cámara de baño, cuyas ventanas pueden verse en la parte inferior.

En la planta superior tienes la sala principal, con bóveda de cañón. En las fachadas de los extremos hay sendos miradores, con tres arcos de medio punto que se han convertido en el emblema del turismo asturiano. Los capiteles de sus columnitas son corintios.

Aunque es iglesia, debió ser Aula Regia o capilla palatina. Primero fue palacio y, después, iglesia. Cuando lo ves allí, en las laderas del monte Naranco, parece muy pequeñito, más que en las fotos. Y es que los astures construían edificios elevados pero de tamaño más bien reducido.

Este edificio se erigió en pleno esplendor del arte asturiano coincidiendo, como se ha dicho ya, con el reinado de Ramiro I. Era hijo de Bermudo I el Diácono, rey de Asturias, y de la reina Uzenda Nunilona, lo que le convertía en nieto de Fruela Pérez y bisnieto de Pedro, el dux o duque de Cantabria en la época de la invasión musulmana. Para que nos situemos, fue coetáneo del emir omeya Abderramán II, el responsable de una de las ampliaciones de la mezquita-catedral de Córdoba. Le tocó también enfrentarse a algún ataque menor de los vikingos que en esta época andaban haciendo de las suyas. También se le recuerda por un intento de repoblar León, la antigua ciudad romana que se había reconquistado en 754 y que convertiría en la capital del reino en el 931; parece ser que su intento repoblador fue frustrado por un ataque omeya.

«Los monumentos de Oviedo y del reino de Asturias» fueron declarados Patrimonio de la Humanidad en el año 1985, ampliándose en 1998, y en su página web, la Unesco lo describe así:

En el siglo IX, el pequeño reino de Asturias mantuvo viva la llama del cristianismo en la Península Ibérica. En su territorio nació un estilo innovador de arquitectura prerrománica que desempeñaría, más tarde, un importante papel en el desarrollo de la arquitectura religiosa de toda la Península. Emplazadas en la capital asturiana, Oviedo, y en sus alrededores, las iglesias de Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo, Santa Cristina de Lena, San Julián de los Prados y la Cámara Santa de la catedral de San Salvador son los edificios más representativos de ese estilo. La notable obra de ingeniería hidráulica conocida por el nombre de La Foncalada forma también parte del sitio.

Para saber más, siempre se puede consultar la Wikipedia.

Una breve y muy esclarecedora descripción de Santa María del Naranco lo puedes encontrar en este vídeo de artehistoria en YouTube:



Y, por supuesto, recomiendo totalmente que algún día le dediquéis un fin de semana a visitar Oviedo. Es un sitio encantador, agradable, se come muy bien, la gente es bien maja, y les presta que vayas por allí a ver sus estupendos edificios.